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El cuento
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Nadie más listo en toda la comarca que Oscar, un precioso y ágil zorro, de no demasiado gran tamaño, pero sí dotado de una gran astucia y capacidad de supervivencia. No obstante, su carácter deja mucho que desear: es huraño, esquivo y no se relaciona prácticamente con nadie del bosque.

Pero como todo ser viviente de la zona, su existencia está dominada por el miedo; sabe que siempre hay alguien más fuerte que él, lo que supone una amenaza real cada minuto de su vida.

El resto de los personajes del bosque están en la misma situación: la mariposa, el lagarto y el conejo tienen todavía mayor número de peligros que acechan su existencia…incluido el zorro, que es uno de los que cazan a conejos y lagartos.

Nuestra atractiva y vivaracha mariposa es ajena a la amenaza del zorro, pero no así del lagarto, quien en más de una ocasión se le ha visto relamerse con esa lengua suya que saca a veces que da un poquito de miedo…

Pero como la cosa no fue a más, la amistad se fue haciendo más y más grande entre los tres personajes. Compartían espacios de diversión entre los viñedos de la comarca, los zarzales, los pinos mediterráneos y los olivos centenarios.

Un atardecer tardío de verano, cuando el sol ya ni calienta y la luz es tenue, se encontraban los tres personajes en animada charla cuando unos ruidos que provenían de una masía cercana les llamaron la atención. Habían oído historias lejanas de los más sabios del bosque que allí dentro, en el interior más oscuro de esa casona se fabricaban unos zumos cuyos sabores no tenían nada que ver con el sabor fresco del agua que manaba por los riachuelos de la zona.
Se decía incluso que esos brebajes se elaboraban cogiendo y exprimiendo de manera intensa las uvas que tan prolíficamente brotaban de esos arbustos de troncos retorcidos y leñosos.

¿Por qué harían eso, cuando las uvas son tan y tan ricas y sabrosas cuando las muerdes? ¡En fin…cosas de humanos!

Se acercaron lo más sigilosamente que pudieron para ver qué pasaba y, ante su asombro vieron salir al zorro de las bodegas de la masía. Se le veía feliz, con un semblante nada adusto. Iba con las manos en los bolsillos, silbando una conocida canción.
El asombro del lagarto, el conejo y la mariposa era mayúsculo. No daban crédito a lo que sus ojos estaban viendo: ¿el zorro está contento? ¿Es cierto?

Tan paralizados estaban que no se percataron de que estaban muy expuestos a que el zorro les viera; como así fue.

Empezó a acercarse a ellos, tranquilo, sin prisas y con una voz amigable se dirigió a ellos: Hola compañeros…¿qué os trae por aquí?

Félix, el lagarto fue el primero en sobreponerse al estado de sorpresa generalizado de los tres amigos: Hola Oscar, le respondió. Hemos oído ruidos y hemos venido a ver qué pasaba (su voz denotaba un pelín de miedo, aunque poco a poco, viendo el semblante amigable del enemigo de la comarca, la tranquilidad iba relajando el ambiente)

Mariona y Truhán aprovecharon la ocasión para dejarse ver, aunque nos las tenían todas consigo.
-Hola Señor Zorro, le espetaron casi al unísono de la forma más amable y respetuosa de que fueron capaces y sin atreverse a llamarle por su nombre de pila.

El zorro se giró y les lanzó una media sonrisa que relajó el ambiente del todo. Empezó a hablar:
-Amigos (empezó con esta palabra que sorprendió enormemente a nuestros tres personajes) he descubierto yo solo lo que hacen los humanos aquí dentro…y es sencillamente delicioso!
Se dedican a poner todas las uvas que les vemos recoger de sol a sol en unos grandes recipientes y se pasan horas pisándolas con los pies… luego el brebaje que sale de esa acción lo trasladan a una especies de madrigueras que ellos mismos han construido con maderas de nuestros bosques; ahí dentro tienen varias de esas madrigueras de formas redondeadas y casi perfectas…
Y luego, al cabo de muuuucho tiempo, ese líquido que en unos casos es rojo oscuro y en otros es amarillo pálido los ponen en unos recipientes del color del agua!

En ese momento y ante la cara de incredulidad de los tres amigos, Oscar extrajo ese recipiente de uno de los bolsillos de su elegante levita y les invitó a que bebieran de él.

Tímidamente se acercaron con cautela; primero fue Félix, el lagarto, quien sorbió unas gotas de ese néctar que el zorro tan amablemente les había invitado a catar. Luego tanto Mariona como Truhán se acercaron a probar algo tan novedoso para ellos.

Un mundo nuevo se apareció ante sus ojos. Aquel sabor era sublime! Querían más, querían probar otros sabores de esos que el zorro conocía, puesto que llevaba tiempo con esas incursiones en las oscuras bodegas de la masía.

Los tres amigos le preguntaron si les podía llevar a ver todas esas maravillas de las que hablaba a lo que el zorro se negó tajantemente con estas palabras: Ah chicos, eso es solo para mayores, vosotros no podéis entrar ahí.

Unas luces se encendieron de repente en la parte alta de la casona. ¿Quién anda ahí, espetó una potente voz de forma amenazante?
Como os vea rondar por mi bodega acabareis recibiendo una lección, bribones!

 

cuento2

 

 

Los cuatro ahora amigos salieron corriendo como alma que lleva el diablo, todos en direcciones diferentes hacia sus respectivas madrigueras.

La mañana siguiente el encuentro entre Félix, Truhán y Mariona fue diferente; eran conscientes de que algo mágico aconteció la noche anterior. Habían compartido momentos relajados con Oscar, un zorro al que todos tenían como una amenaza en los bosques y prados del entorno. Estaban convencidos de que él también aparecería esa mañana para seguir contando sus aventuras en el interior de la masía, pero de momento no se le veía por ninguna parte. Se les notaba algo defraudados. Esperaban más comprensión y amistad por parte del zorro.

Se giraron los tres de golpe. Algo habían oído en la espesura monte abajo.

Sí, eran gemidos lastimeros, desesperados. Avanzaron cautelosamente hacía los sonidos que cada vez eran más y más nítidos, más agudos.
En una hondonada abrupta pudieron vislumbrar como un cepo antiguo había atrapado a un animal. Era raro porque los cepos hacía años que no se usaban por esta zona; debía tratarse de uno que no habían retirado los humanos al estar tan escondido y fuera de los pasos habituales.
No podían ver qué compañero del bosque había sido la víctima; un ciervo, tal vez, una ardilla, un conejo, jabalí…?
Siguieron acercándose con mucha cautela y en fila india.
De repente comprobaron con angustia como era Oscar, su recién declarado amigo quien estaba preso de los hierros que le aprisionaban una de sus patas.

El zorro se alegró mucho de ver caras conocidas y explicó que en su huida no se percató de que había cogido un atajo para escabullirse y que ese había sido su error; sus ancestros ya le advirtieron de los peligros desconocidos del bosque.

Los tres amigos, viendo que la herida no era ni grave ni profunda se tranquilizaron y en ese momento se percataron de que la botella estaba a unos metros de Oscar. Aún quedaba algo de líquido (vino lo había llamado el zorro).

Aún corría por sus mentes el gusto del sabor intenso que tan escasamente había compartido Oscar la noche anterior.
Los tres pensaron lo mismo: era la ocasión perfecta de presionar al zorro para que les llevara una noche a las bodegas; querían ver esos toneles de madera llenos de néctar, las botellas alineadas al amparo de la oscuridad de la bodega y sobre todo quería catar toooodos los sabores que el zorro había puesto en su cabeza…pero no en su paladar: vinos blancos, rosados, más afrutados y otros más fuertes. Incluso Oscar les había hablado de uno muy especial que hacía cosquillas en el hocico: tenía unas pequeñas bolitas burbujeantes en su interior que ascendían a la superficie!
¿Sería verdad?

Decidido. Tenían que presionar a Oscar para conseguir esas incursiones a toda costa. Además sería divertido y excitante!

El zorro, astuto como nadie, al ver el cónclave improvisado de la mariposa, el conejo y el lagarto ya sabía antes de que le dijeran nada lo que le iban a exigir por su liberación.

-Está bien chicos: os llevaré cuantas veces querías…pero por favor sacad este trozo de hierro de mi pata, que me está matando! Y además mi elegante atuendo se está ensuciando por momentos, añadió con una media sonrisa en su cara.

Los tres amigos, encantados con la noticia y la expectativa de conocer por fin las entrañas de la masía y la magia que allí dentro se creaba cada día desde hacía cientos de años, empezaron a tirar al unísono de los extremos del cepo hasta que fácilmente cedió.
Por fortuna, al ser tan viejo no era muy potente y el zorro apenas tenía unos rasguños.

Se dirigió a ellos y agradeciéndoles de forma expresa a todos la ayuda les dijo de manera solemne:

-Amigos, os tengo que confesar un secreto: Aunque no me hubierais auxiliado a salir de este embrollo, igualmente tenía pensado que me acompañarais a partir de ahora a catar esos vinos de las bodegas que hay en la masía.
Anoche os vi tan entusiasmados que desde el primer momento pensé que los cuatro podíamos formar un buen grupo de amigos.

Mariona se adelantó y, erigiéndose en portavoz, aleteó hasta plantarse muy cerca del zorro, ahora ya sin miedo alguno, y de manera muy bravucona le espetó:

-Señor Zorro, Oscar a partir de ahora: , te tenemos que confesar un secreto: Aunque no nos hubieras acompañado a visitar las bodegas y dejarnos probar esos vinos de los que hablas, igualmente teníamos pensado sacarte de ese cepo infernal!

Y girando sus alas volvió junto a sus tres compañeros, que miraron a Mariona de una manera muy especial.

El zorro comprendió entonces todo lo que se había perdido hasta ese momento al no acercarse como amigo mucho tiempo atrás.

El plan de visitas a las bodegas estaba en marcha e iba a empezar esa misma noche!

Y todos vivieron felices y brindaron con cava fresquito a partir de ese momento por la nueva amistad.

FIN

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